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Olea Europaea OLIVO

Plantas > N - O

NOMBRE CIENTÍFICO: Olea europea

FAMILIA
: OELEACEAE

NOMBRE COMÚN
: Olivo, acebuche

FLORECE
: IV-VI.

HÁBITAT
: Bosques y bosquetes esclerófilos, 0-1200 m

DISTRIBUCIÓN
: Mediterránea

OBSERVACIONES: En el Parque coexisten olivos silvestres y cultivados. Son uno de los árboles más longevos que se cultivan en Europa y pueden llegar hasta los 1.500 años de edad.

FLORA VASCULAR DE ANDALUCÍA ORIENTAL. Edita: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía

Olea europaea L. -olivo, acebuche-
NP./MP.p. 1-10 m. Arbusto o árbol de mediano porte, de troncos gruesos y tortuosos y ramas jóvenes con corteza grisácea. Hojas 15-70 x 4-15 mm, opuestas, cortamente pecioladas, simples, oblongo-lanceoladas, a veces elípticas u obovadas, enteras, coriáceas, discoloras, de haz verde obscuro y envés grisáceo, densamente cubierto de pelos peltados. Flores 5-7 mm, actinomorfas, hermafroditas o unisexuales, tetrámeras, en pequeños racimos o panículas axilares, más cortos que las hojas. Cáliz acopado, con 4 lóbulos poco marcados. Corola rotácea, blanca. Estambres 2, insertos en la corola, de anteras muy gruesas. Ovario súpero, bicarpelar. Fruto en drupa, de 8-20 mm, elipsoidal, verde en principio, negruzco en la madurez. 2n = 46. IV-VI. Bosques y bosquetes esclerófilos, 0-1200 m (t-m). Mediterránea. Todo el territorio. fr. LC.

El Dr. Font Quer, en la pág.  741 de su magnífico Dioscórides renovado, explica
:
" Las hojas de olivo para fines medicinales pueden colectarse en cualquier tiempo del año; pero donde haya acebuches deben preferirse sus hojas a las del olivo cultivado, por ser más ricas en principios activos. Donde no los hubiere, se recomienda emplear las de los hijatos, porque dicen que tienen más fuerza de sanar.
En cuanto al fruto, las acebuchinas no sirven sino para las aves que las comen, y las aceitunas se compran en los mercados o ya preparadas y aderezadas, aunque siempre hay gentes curiosas que quieren sazonarlas por sí mismas.  
Las hojas se conservan sin más preocupaciones que, una vez secas, guardarlas a cubierto del polvo y en lugar seco, al abrigo de la humedad.  
Las aceitunas, ya hechas, pero no del todo sazonadas, llamadas de verdeo, se adoban para tomarlas como aperitivo o entremés. A veces, se ponen a macerar con agua sola, que se cambia a diario hasta que pierden todo o buena parte de su amargor.  
Dando algunos cortes a la aceituna o golpeándola para abrir en ella algunas grietas, el desamargado o endulzado de la misma adelanta considerablemente; y todavía mucho más, hasta reducirlo a unas pocas horas, cuando en lugar de ponerlas en agua sola se disuelven en ésta de 15 a 20 gr. de sosa cáustica por litro.
Sea como fuere, cuando la amargazón ha desaparecido las aceitunas se lavan copiosamente mudándoles el agua tres o cuatro veces, y ya pueden darse por endulzadas.
Entonces se dejan en salmuera o se aderezan con hierbas aromáticas. La salmuera se prepara más o menos concentrada, según el sabor más o menos saladillo que se quiera dar a la aceituna; en general se emplean de 25 a 100 gr. por litro de agua. Las hierbas aromáticas con que se aderezan varían según las localidades.
Comúnmente, se usan la ajedrea, el orégano y diversos tomillos: el común (Thymus vulgaris), el salsero (Th. zygis), el cabezudo (Coridothymus capitatus) y en todo el antiguo reino de Valencia la pebrella (Thymus piperella).
Otras aceitunas, las negras y arrugaditas, que se cogen en invierno pasadas o modorradas, no necesitan endulzarse, porque de sí mismas han perdido todo su amargor. Se comen asimismo a modo de entremés o en ensaladillas diversas, a menudo con cebolla cruda, aceite y vinagre. Estas aceitunas pasan por las más nutritivas.
En cantidad muy superior, las aceitunas se destinan a la extracción del aceite contenido en su pulpa. Por expresión moderada, fluye de ellas la flor del aceite, llamado aceite fino o virgen, que es el destinado a usos medicinales.
El aceite común u ordinario se saca después, aprovechando las aceitunas de la primera prensadura, que, metidas en sacos o esportillas se someten a la acción del agua caliente y vuelven a prensarse.
Todavía se benefician aceites más bastos, destinados a la Industria y a la fabricación de jabón. El célebre jabón de Castilla, de mucho renombre en América por estar fabricado con aceite de olivas sin mezclas extrañas, ha desaparecido casi por completo del comercio.
También se saca aceite del hueso de las aceitunas, que lo contienen en cantidad aproximada al 28 %, del cual una pequeñísima parte (menos del 1 %) se localiza en el hueso propiamente dicho, y el resto en la almendra contenida en su interior.
En España, cuando se dice, simplemente, aceite se entiende el de oliva, el Diccionario de la Academia sienta esta doctrina, que las circunstancias de estos últimos años han echado a perder.

Por su actual interés, exponemos  a continuación lo que el Dr. Font nos habla de la composición del olivo

"Según investigaciones de Bourquelot y Ventilesco (1908), las hojas del olivo contienen el glucósido oleuropeína, en la proporción de 0,75 %; Power y Tutin creen que no se trata de una especie química pura, sino de una mezcla de varios principios amargos amorfos.
Además, estas hojas contienen dextrosa, manita dextrogira, materias tánicas, diversos hidrocarburos de más de treinta átomos de carbono, los alcoholes oleasterol y oleanol, resina, etc.
Los frutos contienen en su parte carnosa importantes cantidades de aceite, en proporción que varía según la casta del olivo y el grado de madurez de aquéllos.
El aceite de olivas está constituido por los ésteres glicéricos neutros de ácido oleico, que predomina (hasta con el 84 %), ácido linoleico, ácido palmítico, ácido esteárico, ácido aráquico y ácido mirístico, estos dos últimos en cantidades que no llegan ni al 1 %. Además contiene materias grasas sólidas, dioleínas, margarínica y palmitínica.
El aceite de olivas tarda mucho a enranciarse, y por esta razón es muy útil en Farmacia para preparar numerosos ungüentos. Cuando en invierno, la temperatura desciende a 8° C. el aceite comienza a enturbiarse y se forman en él a modo de nubes, por precipitar en su seno la margarina.
A temperatura aún más baja puede cuajarse todo el aceite en una masa ungüentácea. Calentándolo ligeramente, recobra su fluidez y su transparencia normales.

En cuanto a los usos y virtudes del olivo nos sigue explicando:

"Las hojas, aparte otras propiedades que se les atribuyeron, se consideran ligeramente febrífugas; y en estos últimos años apropiadas para lo que se acostumbra llamar usualmente rebajar la sangre, esto es, disminuir su tensión.
Las aceitunas son aperitivas y tónicas estomacales, sobre todo cuando están impregnadas de las esencias de labiadas que se utilizan para aderezarlas.
Para minorar la tensión sanguínea y provocar la orina se toman un par de docenas de hojas y se hierven durante un cuarto de hora en un cuarto de litro de agua.
Se toma este cocimiento en ayunas y por la noche antes de acostarse, otro tanto, todavía caliente y endulzado a gusto de cada uno. Se hace uso de este remedio durante dos semanas y se descansa otra, para volver a empezar. Esta cura se prolonga todo el tiempo necesario.
También se recomienda emplear el cocimiento de estas mismas hojas para combatir la presión arterial excesiva, solo que más concentrado: 30 gr. de hojas en 1 l. de agua, que se hacen hervir hasta reducir el agua a 0,5 l. Se recomienda tomar desde 200 gr. hasta 0,5 l. de este cocimiento por día.
Con él combate la gota, el reumatismo y, sobre todo, dice, la hipertensión arterial.
Los efectos de las aceitunas preparadas -dice Quer ("Flora española", vol. VI, póstumo pág. 9)- por lo general son mover el apetito y fortificar el estómago, deshacen y disuelven las viscosidades asidas en sus paredes, haciendo evacuar por el intestino, y consumen la humedad superflua; en fin, no producen daño sino comidas con exceso. Usan muchos las aceitunas escabechadas para sazonar los asados, especialmente el carnero; y se comen también en forma de ensalada.
Del aceite se hace uso principalmente como alimento, sobre todo en nuestro país y en muchos países mediterráneos, que guisan con él y con él aliñan las ensaladas, las verduras y el pan tostado. Una tostada de pan sin requemar, untada con buen aceite y un poquito de sal sabe a gloria.
Es de fácil digestión y está al alcance de todas las posibilidades económicas. Y cuando después de dietas más severas el médico permite al paciente tomar una de aquellas tostaditas, el estómago lo agradece y demuestra al punto su aprobación.
La Farmacia aprovecha el aceite para disolver en él principios activos de la más diversa condición; mezclado con otras grasas, cera, colofonia, etc., sirve para preparar numerosos ungüentos.
El aceite alcanforado para inyecciones se prepara asimismo con aceite de olivas, previamente purificado por neutralización con lejía de sosa y cuidadosamente filtrado.
Un linimento muy apropiado para sanar quemaduras se hace con aceite y agua de cal. El agua de cal se prepara con 1 onza de cal viva, apagada, echándole agua gota a gota, hasta que la cal, calentándose y vaporizando el agua, se agrieta y se convierte en polvo. Entonces se echa en una botella de litro y se llena de agua, a poder ser, destilada o de lluvia; al cabo de unas horas, cuando la cal se ha posado, se vierte el agua por decantación. Se vuelve a llenar con otra agua de la misma condición y se guarda bien tapada.
El linimento se hace con la misma cantidad de aceite y de agua de cal, que se saca también decantando el agua clara que sobrenada y echándola sobre el aceite, en una botella cualquiera, que se tapa y se agita fuertemente hasta que se produzca una masa homogénea. Toda clase de quemaduras, bien untadas con este linimento y cubiertas con un lienzo fino de hilo, sanan y encoran con facilidad.
Para otras heridas y llagas, se agitan asimismo en una botella, a partes iguales, aceite y vino tinto. Dícese que esta mezcla es un cicatrizante maravilloso.
Tomado en ayunas, en cantidad de 1 ó 2 cucharadas soperas, el aceite obra como laxante suave, si no bastare a producir el efecto deseado, puede doblarse o triplicarse aquella dosis. A menudo, tomado así, facilita la expulsión de los gusanos intestinales.  Como contraveneno, no siendo fósforo el tóxico, se da a beber un buen vaso de aceite mezclado con otro tanto de agua tibia y bien batidos ambos en una botella; así se provoca el vómito y se atenúa el daño del veneno. Si el vómito no viniere a la primera toma, insístase con otras en espera del médico y de sus órdenes. Después del vómito, y para asegurar la acción del aceite, puede propinarse otra toma de éste sin agua.
Como emoliente se emplea en forma de lavativas. La lavativa emoliente es muy antigua, pues ya la traían las farmacopeas matritenses del siglo XVIII compuesta de 10 onzas de cocimiento de malvas, al que se mezclan 2 onzas de miel y otras 2 onzas de aceite.
Es emoliente, decía la edición castellana de 1823, humedece los excrementos secos y duros, y aprovecha en todas aquellas enfermedades en que hay estreñimiento de vientre.

Sobre su historia nos narra el Dr. Font Quer
:
Dioscórides escribe del acebuche y del olivo en el capítulo 116 del Libro I. Dice en aquél que las hojas del acebuche aprietan, limpian las llagas sucias y, mascadas, las hojas también encoran las llagas de la boca, lo mismo que su zumo y su cocimiento. La espuma que fluye de los extremos de las ramas de olivo cuando se calientan a la lumbre, cura la sarna y los empeines.
A la descripción del olivo, tanto silvestre como cultivado y de sus producciones, Mattioli hace los siguientes comentarios, que traducimos e insertamos aquí para que el curioso lector pueda compararlos con los de Laguna, que ponemos a continuación.

Dice Mattioli en la edición italiana del año 1548 (págs. 148 y 149):
Siendo el olivo las olivas, el aceite, la goma de los acebuches y las heces, todas ellas cosas y frutos de una misma planta, no me ha parecido fuera de propósito escribir de todos conjuntamente y satisfacer así a cuanto era menester a cada parte.
Los olivos silvestres nacen copiosos en el condado de Siena y en otros diversos lugares de Toscana, son mucho menores que los domésticos, espinosos y de hojas más breves. Sus olivas, de las cuales se cargan desmedidamente, son asaz menores que las domésticas, pero mucho más sabrosas. Dan fe de ello los tordos, mirlos y estorninos, ya que comen de preferencia las silvestres.
Nuestros aldeanos se deleitan cazando pájaros con grande artificio en aquellos olivos silvestres hasta que se ha recogido toda la aceituna de los cultivos, en los cuales, después, y utilizando la liga, enviscan infinidad de mirlos y tordos durante todo el mes de diciembre y en enero. Pocos son de Toscana los que recogen las olivas de los acebuches para sacar aceite de ellas, porque la abundancia de las cultivadas hace que se haga poco caso de las acebuchinas...
Los mismos comentarios, según Andrés de Laguna, son así:
Hállanse dos principales especies de oliva: la una doméstica y la otra salvage. El olivo doméstico es planta muy conocida y crece en infinitas partes, principalmente en regiones marítimas y calientes.
El salvage se halla en la marina de Sena, el cual es algún tanto espinoso y harto menor que el doméstico, tiene cortas las hojas y produce menores las aceitunas, aunque más sabrosas y más abundantes. Porque ansí las plantas silvestres como las rústicas y campesinas mujeres suelen ser más fecundas que las urbanas; de donde consta que el regalo y vicio comúnmente engendra esterilidad.
Y ansí vemos que los príncipes y grandes señores, criados en toda la delicadez del mundo, y, como dicen, con agüeros, hacen muy pocos hijos, y esos, flacos, tiernos, cuitadillos y de muy corta vida.
El olivastro vive más que el olivo doméstico, aunque éste, según Teofrasto, dura 200 años.
Mattioli añade: Los olivos se vuelven estériles si son pacidos de cabras cuando echan brotes tiernos, a lo que no se halla remedio mas, si por otra causa los olivos no traen fruto, es valeroso y probado remedio descubrirles las raíces durante toda la primavera.
Y Laguna: Hácense también los olivos estériles en siendo pacidos de cabras, y esto según yo pienso, por el grande enojo que toman de verse roídos de un animal tan sucio y hidiondo, máximamente ellos, que compitieron siempre con el laurel, y fueron consagrados a la diosa Minerva. Por eso, quien quiere aceite no tenga cabras. A Laguna le salió muy redondeada la frase de Minerva, pero la Inquisición se la borró."  


 
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