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Laurus Nobilis LAUREL

Plantas > L - M

NOMBRE CIENTÍFICO: Laurus nobilis

FAMILIA
: LAURACEAE

NOMBRE COMÚN
: Laurel

FLORECE
: II-IV

HÁBITAT: Bosques esclerófilos, en barrancos húmedos y umbríos, cultivada y frecuentemente asilvestrada o subespontánea, siendo difícil encontrar poblaciones naturales, 100-1000 m

DISTRIBUCIÓN
: Mediterránea y macaronésica

OBSERVACIONES
: El laurel es tónico estomacal, carminativo y emenagogo.

FLORA VASCULAR DE ANDALUCÍA ORIENTAL. Edita: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía

Laurus nobilis L. -laurel-
MP.p. 4-10 m. Árbol o arbusto dioico, generalmente aromático, ramificado desde la base, de corteza lisa y ramas erguidas. Hojas 5,5-12 x 2-4,5 cm, persistentes, alternas, cortamente pecioladas, oblongo- elípticas, coriáceas, de margen entero o a veces ondulado, agudas o acuminadas. Flores actinomorfas, unisexuales, blanco-amarillentas, 4-6 en umbelas axilares, con 2-4 brácteas en la base. Perianto simple, tetrámero; piezas periánticas 3-4,5 x 1,5-2 mm, oblongas, caducas. Flores masculinas con 4-12 estambres, con 2 nectarios opuestos en la base del filamento y anteras que se abren por 2 ventallas longitudinales. Flores femeninas con ovario súpero y varios estaminodios apendiculados; estilo corto y grueso, estigma trígono. Baya 10-18 mm, ovoidea, acuminada, negro-azulada, monosperma. 2n = 42, 48. II-IV. Bosques esclerófilos, en barrancos húmedos y umbríos, cultivada y frecuentemente asilvestrada o subespontánea, siendo difícil encontrar poblaciones naturales, 100-1000 m (t-m). Mediterránea y macaronésica. Dispersa en gran parte del territorio. ra. VU [C2a(i)].

El Dr. Font Quer, en la pág.  199 de su magnífico Dioscórides renovado, explica
:
" El laurel es tónico estomacal, carminativo y emenagogo.
Esta misma virtud tonificante del estómago, que le excita a segregar sus jugos en las comidas apetitosas, puede ser contraproducente cuanto esta víscera funciona con secreciones superfluas, que conviene más bien frenar. Entonces es mejor prescindir del laurel y de otras especias, y dar orden a la cocina de que preparen comidas más bien sosas y sin excitantes de ninguna clase: carnes o pescados blancos asados, y con muy poca sal.
En cambio, el laurel conviene a los inapetentes, y siempre que sea menester excitar el estomago atónico, cuando pasan las horas y no corrompe los manjares.

Decía Quer en la página 320 del tomo V de su Flora
:
La costumbre de hacer cocer las hojas de laurel en algunos guisados de carne y pescados está muy introducida, especialmente en los escabeches y adobos, que lejos de provocar náuseas, sólo añaden a los alimentos particular aroma que les da cierto sainete para que sean más agradables al gusto y al estómago.
En la cocina, las hojas de laurel gozan pues, de grandes prerrogativas cuando se trata de dar su punto aromático a un buen estofado de perdiz, de liebre o de jabalí.
Pero después de una comida insípida puede producir el mismo o parecido efecto la infusión de un par de hojas de laurel en una taza de agua hirviendo: es como fragmentar el estofado en una porción razonablemente alimenticia, que se toma de primero, y luego, a los postres, se sirve el aroma que excita la secreción del correspondiente jugo gástrico.

En cuanto a su historia
:
"A este capítulo le pone Laguna los siguientes comentarios:  
El laurel es árbol muy conocido, porque no solamente en Italia y en España, empero también en Francia y en Alemania, crece, dado que (léase, aunque) en estas regiones frías es estéril de fructo. Consagraron el laurel, los antiguos, al dios Apolo, y con él se coronaban, en los tiempos pasados, todos los emperadores de Roma.
Para el cual efecto (segun cuentan las romanas historias) un águila enviada de Júpiter dejó caer en el regazo de Drusilla, mujer de Augusto, una gallina muy blanca, la cual llevaba en el pico un ramillo de laurel cargado de bayas muy olorosas; el cual, plantado, multiplicó después en grande abundancia.
Coronaban también con laurel, antiguamente, a todos los vencedores, y, como el olivo, era señal de paz, ansí siempre el laurel significaba victoria.
Todos los escriptores confirman que el laurel jamás fue ni puede ser sacudido de rayo; por donde Tiberio César, siempre que sentía tronar, se ponia en la cabeza una guirnalda laurina. Dado que (léase, aunque) en nuestros días, el año 1539, aquí en Roma se vio la contraria experiencia cuando en el palacio del duque de Castro cayó un impetuosísimo rayo y quebrantó un muy hermoso laurel que aún hoy dia se ve herido y despedazado; lo cual, cierto, se tuvo por muy infeliz agüero de la desatrasda fin que después hizo el mesmo duque en Placencia, el cual estaba no menos asegurado que su laurel poco antes que le asaltasen.
Ansí que a la ira de Dios (como dicen las viejas) no hay casa fuerte ni se halla cosa tan eficaz que baste a defendernos de los juicios fatales. Tiene el laurel, en sí, virtud de producir fuego. Porque si fregamos dos palos del laurel secos, uno con otro, y les echamos encima un poco de azufre pulverizado, presto se alza la llama. Echadas las hojas de laurel en el fuego, dan estallido como la sal, que hacen saltar la brasa."


 
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